Soy responsable de… Me siento culpable de…

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A menudo, en consulta, aparece la manifestación, por parte del paciente, de diversos sentimientos de culpa. Al indagar en el origen de la emoción, en la situación desencadenante, aparece, frecuentemente, una forma de crítica instalada en la persona desde la infancia.

La norma introyectada, la autorregulación, la educación moral, el origen del malestar que encontramos en la baja autoestima.

La culpa es una forma de afrontar lo que creo que he hecho mal, y que me lleva a calificarme negativamente. Si el objetivo de tal emoción compleja es la de corregir o no volver a incurrir en lo ‘mal hecho’, el peligro inherente a tal sentimiento es la ‘parálisis’, es decir, que a lo mejor ni siquiera trato de enmendar o corregir: Mira que si vuelvo a hacerlo mal…

Cuando conseguimos cambiar culpa por responsabilidad damos un giro en la perspectiva. Si me hago responsable de lo cometido, pongo el foco en el cómo lo he hecho (en la conducta), y no necesariamente me devalúo. Orientar una respuesta responsable al fallo, me coloca en el aquí ahora y también a la resultante futura. Mientras que sentirme culpable, internamente, me inhabilita en la predisposición resolutiva: yo misma soy un error.

Freud, ya en su día, habló de cómo la culpa tiene un efecto beneficioso para la sociedad, pero fuertemente negativo para el individuo por el factor inhibidor de la personalidad: no sólo se inhiben las conductas que transgreden las normas morales, sino muchas otras facetas vitales (las productivas y las vitales), se produce una ‘intimidación’ en el sujeto, que perturbaría la natural curiosidad.

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