Cuando usamos este patrón comunicativo, elevamos la voz, hablamos más lentamente y marcando la pronunciación, usamos frases cortas y echamos mano de los diminutivos, ya que creemos que las personas mayores no van a poder seguir el hilo de la conversación.
Además, el elderspeak se caracteriza por un vocabulario más sencillo, con estructuras de frases más simples y trufadas de apelativos exageradamente cariñosos, preguntas cerradas, repetición de conceptos y un uso reiterado de la primera persona del plural.
A la postre, no es muy diferente de la manera en que los adultos nos dirigimos a los bebés, conocida en inglés como motherese o infant directed speech.
Aunque esta forma de hablar es más utilizada en el contexto hospitalario o médico, sobre todo por los cuidadores principales y el personal de enfermería, también es frecuente que la empleen familiares directos, amigos de las personas mayores e, incluso, los desconocidos.
Es verdad que el cambio de registro comunicativo puede ser beneficioso y facilitar la comprensión en casos de demencia o deterioro cognitivo, pero en contextos generales es capaz de acarrear consecuencias negativas, como una disminución de la autoestima o sentimientos de ser menospreciados, vergüenza y humillación.
Cuando las personas mayores son infantilizadas de manera continuada, incluso tienen riesgo de caer en depresión.