Cuando en nuestro día a día nos encontramos con otras personas, nuestro cerebro, por así decirlo, «se ilumina». Una de las áreas que primero reacciona es el córtex prefrontal rostromedial. Sin embargo, hay otra parte que se enciende casi como un árbol de navidad cuando encontramos a alguien con quien conectamos de manera más profunda. Este lugar se encuentra justo en ese espacio donde confluyen el lóbulo temporal y el lóbulo parietal. Los neurocientíficos nos dicen que es aquí donde se desarrollan nuestros procesos cognitivos más abstractos, más complejos y por instantes, incluso, inexplicables. Pero no siempre es posible conectar profundo con la otra persona porque para que esto ocurra, antes cada un@ ha de conectar profundo consigo mism@. Ha sido un camino de vida el desarrollar una madre nutricia, esa parte de mí que me acoge, me arropa, me dice «cariño, está bien que te sientas así». Cuando tú reconoces lo que sientes, lo amas, lo abrazas y lo validas, te prometo que no dependes de que el otr@ lo haga. Cuando tú tienes esa profundidad para contigo, eliges tener cerquita a personas con las que esa conexión profunda se da.