La familia y figuras referentes para los niños y niñas son clave para desarrollar la base de una autoestima sana ya que desde etapas tempranas pueden aportar seguridad y cuidado a través de unos vínculos afectivos positivos y estables, confianza en sus capacidades y habilidades, aceptación de sus particularidades como personas únicas y darles la posibilidad de que actúen libremente. Todo ello, podrá desembocar en una imagen de sí mismo/a, un autoconcepto y una autoestima saludables ya que progenitores, hermanos/as, amigos, docentes, etc. hacen de espejo para los niños y niñas. Algunas pautas familiares que ayudan a fomentar una buena autoestima: Ofrecerles una relación de afecto protectora, estable y sana. Hacerles sentir personas importantes mediante la escucha activa, las preguntas y la valoración de sus actitudes, opiniones y conductas. Hacerles conscientes de sus logros y mejoras y valorar positivamente sus esfuerzos. Fomentar la observación realista de uno/a mismo. Animarles a que tengan metas y asuman riesgos. Criticar de modo constructivo la conducta a mejorar y no a la persona. No etiquetarles. Valorar sus fortalezas y ayudarles a mejorar en sus limitaciones. Facilitar conversaciones cercanas, abiertas, fluidas y profundas. Ser un referente positivo, saludable y cercano. No compararles con hermanos/as o amigos/as. Establecer límites y normas ajustados a su edad y nivel de maduración. Impulsar la expresión de emociones, su gestión y el reconocimiento de las mismas en otras personas. Permitir que vivencien que no siempre se logra aquello que se desea y en el momento que se desea. Promover una autoestima saludable en los y las menores es una responsabilidad de los adultos que les acompañan en su proceso de crecimiento y un valor para desarrollar personas más maduras, comprometidas, sociales y satisfechas consigo mismas y con su entorno.