Muchas veces nos sentimos agotados, sin energía. La sensación puede estar relacionada con el intercambio de energías entre una y otra persona, en el entorno familiar, entre las amistades, en el trabajo o en la universidad. Mientras hay mucha gente que irradia buena energía, también existen personas tóxicas que hacen todo lo contrario. Las personas tóxicas funcionan como aspiradoras de nuestra energía. Algunos especialistas denominan a estos “ladrones de energía” como “vampiros energéticos”. Estas personas tóxicas actúan como “aspiradoras” que se llevan nuestra energía y nuestras ganas, porque nos succionan la alegría, la autoestima y nuestros valores, ya que muchas veces reaccionamos de manera indebida bajo su influencia. Un artículo del Diario de Sevilla dice que “las personas que están en un bucle de pensamientos y sentimientos negativos, en la queja, el victimismo y la demanda, son quienes, de manera inconsciente, buscan energía en los demás”. Hay lugares que también están intoxicados energéticamente y necesitan una limpieza, “existen lugares que están intoxicados energéticamente por memorias ancestrales, como por ejemplo donde hubo guerras o catástrofes y están impregnados del dolor y sufrimiento de antaño”. Pero la falta de energía también puede surgir de uno mismo, en especial, si se gasta mucha energía mental en darle vueltas a un conflicto y regocijarse en él.