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¿Cómo trabajar los berrinches en terapia?

Manuela Reséndez
Manuela Reséndez
2025-11-03 03:12:08
Respuestas : 23
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Para trabajar los berrinches en terapia, es importante enseñar a los niños a regular sus emociones y a expresarlas de manera saludable. Animarlos a decir cómo se sienten y a expresar sus emociones es clave para una comunicación más fluida. Trabajar la empatía también es fundamental para ayudar al niño a entender cómo se siente otra persona. Cuando se produce una discusión, puede ser una buena ocasión para ayudarlos a practicar la escucha desde el punto de vista de otros de una forma reflexiva. Redirigir al niño en ciertos momentos sin reforzar la mala conducta y sin dejarse manipular es esencial. Responder a la necesidad del niño escuchándolo y consolándolo ayuda a sintonizarse con él y a que se sienta escuchado. Negar las emociones de los niños o quitarles importancia es contraproducente, ya que pueden pensar que lo que ellos sienten no es importante. Es importante escuchar y consolar al niño, pero una conducta inadecuada sigue estando prohibida en cualquier circunstancia. Enseñar al niño la diferencia entre comportamiento y sentimiento es significativo, aceptando su sentimiento sin necesidad de aceptar su comportamiento. Ayudarle a poner nombre a su sentimiento y a sus emociones, al mismo tiempo que se le dice que no es un comportamiento tolerable, es una técnica efectiva. Se le sugiere una alternativa a su conflicto, como puede ser decir que necesita atención.
Jordi Soto
Jordi Soto
2025-10-28 06:12:32
Respuestas : 33
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Los berrinches en niños son una forma natural de manifestar su descontento con algo. Un berrinche es una reacción tan magnificada como lógica. No se puede evitar que los niños sientan frustración por cualquier cosa cotidiana, y será nuestra responsabilidad como adultos enseñarles a manejar la frustración con el paso de los años. Como todavía son muy pequeños, la idea es inculcarles una disciplina sólida, pero impregnada de cariño. La observación: ¿qué causa la rabieta? Te recomendamos que prestes atención al niño para saber qué es lo que causa su rabieta: sin este dato, no podrás hablar con él en unos términos que entienda. Si el niño está en pleno episodio de rabieta, no te quedes quieto a esperar a que pase la tormenta. Llévale a un lugar tranquilo e invierte un rato en que se calme y se vaya desahogando. Y asegúrate de que no vuelva al mismo sitio donde se inició el berrinche hasta que no se haya tranquilizado; tiene que comprender que esa conducta no es admisible. Háblale y hazle comprender que no apruebas su conducta, pero que entiendes por qué está molesto. Y muy importante, este diálogo no empieza hasta que el niño no se haya tranquilizado. Una vez que el niño haya conseguido sobreponerse al berrinche, comunícale que estás satisfecho con su nueva conducta. De este modo, le estarás proporcionando una contrapartida de refuerzo positivo. Si te quedas solamente en reprobar su conducta, le estarás ocultando ese pequeño logro que tanto le servirá posteriormente. Si los berrinches en niños persisten o te resulta demasiado complicado lidiar con ellos, te invitamos a que pidas asesoramiento a un psicólogo profesional, que ayude al niño a comprenderse mejor a sí mismo, y a reconducir esta conducta tan extendida.

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Marc Rojo
Marc Rojo
2025-10-19 09:57:40
Respuestas : 26
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Mantener la calma. No ayuda responder a la rabieta de un niño con una rabieta de adultos. Nuestra reacción es una lección de cómo poner fin a un conflicto. Dar contención. Si le cuesta salir de su rabieta y no sabemos cómo ayudarlo, podemos hacerlo diciéndole: «Te voy a ayudar a que salgas de esto». También lo podemos hamacar, cantarle o abrazarlo para calmarlo. No poner el foco en lo que provocó la rabieta. Si el niño no permite la contención, una alternativa es darle espacio y tiempo, hasta que la rabieta pase, manteniéndonos pacientes y disponibles en todo momento. Si no es posible sostener esa actitud porque puede lastimarse él o a otras personas de su entorno, lo cargaremos de manera firme pero no violenta y lo acompañaremos a un lugar más apropiado para esperar a que la rabieta se calme. No ceder. No acceder a darle o hacer lo que quería. Es importante que no vincule que al hacer esto lo acerca a la solución. Una vez que la rabieta pasó, podemos manifestarle la alegría de que haya recuperado el control y enseñarle cuál habría sido la mejor manera de actuar o de expresar lo que sentía, estimulando el uso de palabras.