Los berrinches en niños son una forma natural de manifestar su descontento con algo.
Un berrinche es una reacción tan magnificada como lógica.
No se puede evitar que los niños sientan frustración por cualquier cosa cotidiana, y será nuestra responsabilidad como adultos enseñarles a manejar la frustración con el paso de los años.
Como todavía son muy pequeños, la idea es inculcarles una disciplina sólida, pero impregnada de cariño.
La observación: ¿qué causa la rabieta?
Te recomendamos que prestes atención al niño para saber qué es lo que causa su rabieta: sin este dato, no podrás hablar con él en unos términos que entienda.
Si el niño está en pleno episodio de rabieta, no te quedes quieto a esperar a que pase la tormenta.
Llévale a un lugar tranquilo e invierte un rato en que se calme y se vaya desahogando.
Y asegúrate de que no vuelva al mismo sitio donde se inició el berrinche hasta que no se haya tranquilizado; tiene que comprender que esa conducta no es admisible.
Háblale y hazle comprender que no apruebas su conducta, pero que entiendes por qué está molesto.
Y muy importante, este diálogo no empieza hasta que el niño no se haya tranquilizado.
Una vez que el niño haya conseguido sobreponerse al berrinche, comunícale que estás satisfecho con su nueva conducta.
De este modo, le estarás proporcionando una contrapartida de refuerzo positivo.
Si te quedas solamente en reprobar su conducta, le estarás ocultando ese pequeño logro que tanto le servirá posteriormente.
Si los berrinches en niños persisten o te resulta demasiado complicado lidiar con ellos, te invitamos a que pidas asesoramiento a un psicólogo profesional, que ayude al niño a comprenderse mejor a sí mismo, y a reconducir esta conducta tan extendida.