Para trabajar la resiliencia, hay estrategias que pueden ayudarnos a potenciarla y que podemos poner en práctica cuando nos encontremos en situaciones vitales difíciles. La interpretación o valoración que nosotros mismos hacemos de las situaciones que vivimos juega un papel clave en este proceso. También hay atributos personales que favorecen la resiliencia, como la autoestima, la capacidad para resolver problemas o la competencia social. La clave es identificar lo que a cada uno le pueda funcionar mejor para desarrollar estrategias propias. Algunas características de las personas resilientes son: tener un alto nivel de autoconocimiento, ser empáticas, estar presentes en el aquí y el ahora, asumir las dificultades como oportunidades para crecer, y tener esperanza y optimismo.
La Asociación Americana de Psicología propone diez consejos para construir la resiliencia, como por ejemplo, aprender a identificar, aceptar y gestionar las emociones. La superación de adversidades actúa como un andamiaje para la construcción de la resiliencia por el aprendizaje que supone para la gestión de las situaciones difíciles, así como de las propias emociones y la capacidad de adaptación al cambio.
Algunos consejos útiles son: son conscientes de sus fortalezas, pero también de sus limitaciones, son empáticas, y están presentes en el aquí y el ahora.