El síndrome de la abuela esclava es una enfermedad cuyas causas son de origen familiar, es de su entorno más íntimo de donde partedan los daños, al delegar en ella responsabilidades que exceden su capacidad física y emocional y convierten lo que pudiese ser una mutua ayuda que generara placer al sentirse útil, en una obligación productora de estrés al tratar de cumplir en forma simultánea y eficiente una multiplicidad de tareas, de las cuales la mayoría ya no le corresponden. El Síndrome de la Abuela Esclava produce una gran variedad de síntomas y signos físicos y psíquicos. Dentro de las manifestaciones físicas más importantes tenemos la hipertensión arterial, la diabetes y otras manifestaciones metabólicas, dolores en el pecho y en la cabeza, dificultad para respirar, taquicardia, mareos, desvanecimiento, cansancio generalizado y decaimiento. Dentro de las alteraciones emocionales más frecuentes de este síndrome podemos mencionar malestar general, ansiedad, tristeza, desánimo, falta de motivación, sentimiento de culpa y depresión de grado variable que puede llegar a ser mayor con perdida de la capacidad de encontrar salidas pudiendo llegar al suicidio. El síndrome de la abuela esclava es sin lugar a dudas un factor de riesgo importante para enfermar y morir del corazón, una enfermedad grave si no se diagnostica a tiempo. Para diagnosticar el síndrome de la abuela esclava, el médico debe en primer lugar conocerlo y pensar en ello, la variabilidad de las manifestaciones puede llevarnos a diagnosticar un síntoma como la enfermedad de base, es necesario establecer una verdadera comunicación con la paciente que nos lleve a detectar los riesgos psicosociales. Nosotros en el seno familiar tenemos la obligación de prevenirlo, el que se casa, casa quiere, ya nuestra madre parió y crió, no deleguemos en ella nuestra responsabilidad. La abuela necesita el afecto del nieto y le gusta su compañía, pero no puede ser una obligación sistemática su cuido, al punto que no le permita salir, planificar viajes y hacer su vida.