Que los hijos se independicen forma parte de un ciclo vital normal dentro del sistema familiar. Sin embargo, cuando este momento genera sentimientos negativos intensos (tristeza, vacío, pérdida, soledad, ansiedad o irritabilidad, entre otros) aparece lo que se conoce como el “Síndrome del Nido Vacío”. Puede darse en ambos progenitores aunque, según los estudios, es más frecuente en las mujeres. Ello se debe a que uno de los principales roles que, tradicionalmente, ha desempeñado la mujer, ha sido el de cuidadora, por lo que cuando su prole se marcha, se queda sin cubrir. Otras circunstancias añadidas que pueden estar presentes, para ambos géneros, tienen que ver con la jubilación -que implica mucho más tiempo libre-, así como con el envejecimiento de las familias de origen y muerte de los padres, con la consiguiente pérdida y dolor. Como se ha esbozado anteriormente, en ocasiones, estos sentimientos negativos se aprecian en personas que se han sentido realizadas a través de la maternidad/paternidad, descuidando sus propias necesidades personales. Dichas personas lo viven como una crisis existencial: su vida ha perdido el sentido, no saben qué hacer, en qué ocupar el tiempo, a quién cuidar. Por otra parte, para algunas parejas, el momento en que se marchan sus hijos de casa puede resultar complicado de sobrellevar, ya que vuelven a encontrarse cara a cara sin saber bien qué decirse, después de haber pasado unos cuantos años volcados en ellos, habiendo relegado su relación a un segundo plano, incluidos los conflictos que existían antes del nacimiento de los mismos. Ahora, dichas cuestiones que no se resolvieron, resurgen. En muchos casos, los padres han visto -sin dificultad- cómo sus hijos han dejado el hogar uno a uno, mientras que para otros surgen las dificultades, de forma súbita, cuando un hijo en particular alcanza esa edad. Puede convertirse en un momento de revitalización de la pareja ya que abre nuevas opciones si adoptan una posición de apertura a otros intereses que no sean los límites familiares. En definitiva, es importante no vivirlo como una pérdida -aunque inicialmente se les eche de menos- sino como un tipo de relación que se transforma.