Identificarse con el trauma significa que la persona ha sufrido una experiencia que supera su capacidad de integrarla, es decir, cuando el nivel de intensidad del episodio es tan grande que carece de las herramientas psicológicas necesarias para poder lidiar con ello. Trauma pueden ser experiencias de rechazo, de violencia, de muertes, de abandono, de maltrato. La intensidad emocional es tal, que el recuerdo de la experiencia traumática queda bloqueado, como un mecanismo de defensa que hace que la persona se vea incapaz de recordar el evento traumático. Independientemente de si recuerda o no la experiencia traumática, el trauma tiene consecuencias en la vida de la persona, introduciendo un cambio en la forma en que considera o piensa acerca del mundo, de las personas, de las relaciones y de uno mismo. La persona puede sentirse incapaz, poco suficiente, percibir el mundo como un lugar peligroso o poco confiable, o sentir miedo o inseguridad en las relaciones personales. También puede generar síntomas como reactividad emocional, obsesiones, estado de alerta o nerviosismo, o comportamientos más pasivos, dificultades cognitivas, lentitud o sensación de vacío y desesperanza. La persona puede revivir algunos de esos eventos como si se tratase de situaciones que continúan ocurriendo, generando la evitación de determinados lugares, relaciones o situaciones. La persona genera estrategias para sobrevivir y que condicionan la narrativa sobre uno mismo basada en lo que le pasó, como frases como tengo que poder solo, tengo que cuidar a los de mi alrededor, me da miedo que me abandonen, hay algo malo en mí.