Lo queramos o no, la existencia de nuestros niños atravesará por frustraciones, desencantos, problemas, pérdidas y sentimientos amargos. Reconocer los tipos de sufrimiento es fundamental, como padres, nos toca saber la diferencia entre el sufrimiento necesario para crecer y el sufrimiento ocasionado por lastimar, abusar, imponer, ignorar y someter al niño. Asumir las penas de la realidad, no es desproteger y exponer a nuestros hijos a sufrimientos innecesarios. Esto no significa que podamos y debamos evitarles todo malestar, frustración y desasosiego. Hacerles creer a nuestros niños que “la vida es siempre bella” es un tipo de sobreprotección y falta de respeto hacia su persona y competencias. Evitarles que enfrenten sufrimientos necesarios que la vida conlleva, es decirles: “tú no sabes”, “tú no puedes”, “tú no entiendes”, y con ello, no solo les quitaremos la posibilidad de desarrollar herramientas para forjar un carácter resiliente, sino también debilitaremos su seguridad personal y su sentimiento de autocompetencia. Un padre o una madre que no puede ver sufrir a su hijo, es alguien que no sabe qué hacer con su propio dolor.