Ante niños que se desvían de estos patrones, o que pueden sufrir una fobia importante, puedes seguir estas recomendaciones:
Es fundamental, ante todo, no regañarles ni obligarles a cambiar de actitud.
Si un pequeño tiene fobias, es importante que no le hagas sentir mal por eso, y explicarle que el miedo es normal en ciertas situaciones.
Por extraña que te parezca su miedo, nunca lo ridiculices.
Comunícate con él y analizad conjuntamente la situación con naturalidad.
Poco a poco, id afrontando las fobias juntos.
Por ejemplo, si el pequeño teme a los perros, no los evites siempre cuando os crucéis uno por la calle.
Razonar con el miedo es prácticamente imposible.
Ofrece apoyo y realiza experimentos –de manera progresiva- que le permitan comprobar si ese estímulo es peligroso.
Ayúdale a que él mismo evalúe su nivel de miedo y proporciónale estrategias para que, poco a poco, vaya venciéndola (respirar profundamente, pensar en cosas agradables, recordar por qué está a salvo, etc.).
Si estas estrategias no funcionan, la fobia aparenta estar fuera de control o las reacciones son desmedidas, es el momento de pedir ayuda profesional a un psicólogo clínico o psiquiatra.