Tras sufrir un ictus o un traumatismo craneoencefálico, mi familiar no es la misma persona.
Y es que nuestro cerebro, además de ser la sede de nuestra capacidad de movernos, sentir, hablar y pensar, también lo es de nuestra empatía, nuestro autocontrol, nuestras emociones y nuestro conocimiento de las normas sociales implícitas.
No es de extrañar que, al igual que se alteran aspectos físicos, de comunicación y cognitivos, también lo hagan componentes emocionales, motivacionales y sociales.
No obstante, estos cambios van a depender de la personalidad previa y del tipo de lesión.
Estos cambios de personalidad tras un DCA son aún más llamativos si la personalidad previa era muy diferente, por ejemplo, personas más introvertidas o calladas; mientras que tiende a normalizarse si la personalidad previa era similar.
Es importante tener en cuenta que las alteraciones de conducta descritas son derivadas de un DCA, y no son comportamientos intencionados, es decir, la persona no los hace a posta.
Al igual que ocurre a veces con los problemas de atención y memoria, que son interpretados como “no me quiere oir”, “no me hace caso”, o “se acuerda de lo que le interesa”; los problemas de conducta son más fácilmente atribuibles a la voluntad, “es un malhablado”, “se ha vuelto un egoísta”, o “se ha vuelto un vago”.
Concretamente, la intervención neuropsicológica en estos casos está orientada hacia 2 pilares fundamentales: Psicoeducación a la familia y el/la paciente.
Comprender qué es lo que le pasa a la persona y cómo se explican las conductas problemáticas es fundamental para generar un cambio.
Una parte fundamental del tratamiento es aprender qué es lo que ha cambiado en la persona, saber en qué fijarnos y cómo puedo cambiar ciertas conductas o el entorno para minimizar o modificar el impacto que tengan.
Junto con ese aprendizaje se introducen técnicas que ayudan a generar un cambio en las rutinas, generar otras nuevas o disminuir la frecuencia de algunas conductas.
El abordaje apropiado de las alteraciones de conducta tras un DCA es aquel que permite aprender a identificar estas dificultades a la vez que ofrece herramientas, al paciente y su círculo cercano, para generar un cambio.