Equilibra el trabajo con el disfrute.
Resérvate tiempo para trabajar en tus tareas y tus metas.
Resérvate tiempo para hacer las cosas con las que disfrutas.
Incluso aunque solo sea durante unos pocos minutos, el tiempo diario para relajarte y recargar pilas sirve para bajar el estrés.
Planifícate el día.
Utiliza un calendario o aplicación de planificación para programar tus tareas diarias.
Disponer de un plan y de rutinas diarias sirve para bajar el estrés.
Pide ayuda si la necesitas.
Las tareas escolares, las calificaciones y los exámenes son importantes fuentes de estrés para muchas personas.
Estas fuentes de estrés pueden reducirse si estudias con compañeros, te preparan guías de estudio los profesores, etc.
Usa la energía positiva del estrés.
No pospongas las tareas hasta el último minuto.
Come alimentos saludables.
Lo que comes afecta a tu estado de ánimo y a tu nivel de energía y de estrés.
Elige alimentos que te hagan bien.
Duerme lo suficiente.
Después de un largo día de escuela y otras actividades, es posible que te apetezca quedarte despierto hasta tarde.
Pero acostarte tarde no te permite dormir lo suficiente porque te tienes que levantar pronto para ir al colegio.
Para evitar ir de bólido por la mañana, sigue un horario regular para acostarte por la noche y levantarte por la mañana.
Haz ejercicio físico cada día.
El estrés se esfuma cuando entrenas, haces deporte o bailas tu música favorita.
El ejercicio físico hace mucho más que mantenerte en forma.
Es una manera de gestionar el estrés, reducir la ansiedad y la depresión y mejorar el estado de ánimo.
Respira hondo.
Cuando te sientas estresado, agobiado o superado por la situación, haz varias respiraciones lentas, profundas y abdominales.
Las respiraciones abdominales son una forma rápida y segura de desactivar la respuesta de lucha-huida del cuerpo.
Practica la respiración abdominal o la conciencia plena cada día para reducir el estrés cotidiano.