Educar para la paz es propiciar el desarrollo de habilidades y la adquisición de herramientas que permitan a las personas y a los pueblos convivir de forma pacífica, o lo que es lo mismo, vivir sin violencia.
Este proceso lleva implícito la asimilación de valores como la justicia social, la igualdad, la cooperación, la solidaridad, el respeto y la autonomía.
Una manera efectiva por tanto, de llegar a ser ciudadanos y ciudadanas comprometidos con el cambio social y la construcción de la paz, es a través de la promoción y el desarrollo de un sistema educativo que institucionalice la Educación para la Paz en la vida de los centros escolares.
Aprender a convivir en paz pasa necesariamente por la adquisición de habilidades y herramientas de comunicación como la escucha activa, la empatía o la asertividad.
Los proyectos que se promueven de forma comunitaria facilitan la adquisición de recursos cooperativos.
Fomenta la toma de decisiones con autonomía en situaciones en las que se debe manifestar auto superación, perseverancia y actitud positiva, como por ejemplo, la gestión de conflictos en la escuela.
Promueve el conocimiento de sí mismo y de las habilidades para vivir con las demás personas sin utilizar la violencia.
Adquisición de valores para el respeto a los derechos humanos, la vida en común, la cohesión social, la cooperación y solidaridad entre los pueblos, el respeto al medio ambiente y el desarrollo sostenible.
Contribuye tanto a la adquisición y expresión de ideas o sentimientos de forma creativa como a la valoración de su diversidad, mediante el reconocimiento y la apreciación de las manifestaciones culturales específicas.
Los elementos y razonamientos matemáticos pueden ser utilizados para la resolución conflictos cotidianos.
Podemos desarrollarla realizando razonamientos de lógica matemática sobre orden, secuencias, cantidades, etc.
Fomenta la lectura comprensiva y la valoración crítica de los mensajes procedentes de los medios de información y comunicación, que pueden ser fuente de diferentes conflictos.
Para la gestión positiva de los conflictos es necesario el conocimiento, la interacción apropiada con el propio cuerpo, el cuidado de la salud y la adquisición de hábitos saludables.
Generalmente los programas estatales reconocen la existencia de ocho competencias básicas que deben ser trabajadas de manera transversal en el desarrollo del currículo escolar.
Las características propias de la Educación para la Paz y de la Metodología Socioafectiva de aprendizaje las hacen propicias para que el profesorado trabaje de forma eficiente la adquisición de dichas competencias por parte del alumnado.