Cada persona es responsable de sus decisiones y del estilo de vida que adopta. Sin embargo, esto no lo llevó a negar el hecho de que existen factores externos a la persona que influyen en su estilo de vida. Entre estos factores se encuentran: la sobreprotección y la desatención. Ambos estilos de vida pueden llevar a la persona a la desadaptación. Debido a que el estilo de vida se determina en edades tempranas, la familia influye de manera directa en estos dos factores. La sobreprotección se presenta en los niños como consecuencia de una falta de amor. Se da porque los padres trataron al niño con tanta indulgencia, e hicieron tantas cosas por ellos que les hicieron creer que no son capaces de resolver un conflicto por si solos. Como consecuencia, las personas sobreprotegidas buscan constantemente a alguien que abastezca sus necesidades. Las personas que adoptan este estilo de vida, se caracterizan por tener pocas habilidades sociales. Además, tienden a creer que tienen el derecho de ser los primeros y de estar por encima de los demás. También, presentan desánimo intenso y emociones desmesuradas ante los problemas. Los niños que han sido desatendidos por sus padres suelen presentar un desarrollado desadaptado. Esto se observa en niños abandonados, así como en huérfanos, en hijos ilegítimos y en aquellos que, simplemente, no eran deseados. Todas estas situaciones hacen ver al niño que no tiene apoyo de nadie, lo cual hace que vean cualquier tarea como inalcanzable o extremadamente difícil. Estos niños actúan sin el más mínimo interés social, sin confianza en sí mismos o en los demás. Suelen ser agresivos y viven con frustración y recelo. El orden de nacimiento, el tiempo que existía entre los nacimientos de los hermanos y el sexo de cada uno influyen en el desarrollo de la personalidad. El primer hijo tiene, en un principio, toda la atención por parte de sus padres. Por lo tanto, tiende a ser consentido y son más propensos a conductas de superioridad y de ansiedad. Estos experimentan una situación particular, ya en un comienzo son el centro de atención y de un momento a otro, estos son “destronados”. La situación es compleja para ellos. De esta manera, son los únicos que realmente sienten esta pérdida de de atención cuando llega el segundo hijo. El segundo hijo se orienta con base en la relación y forma de ser del primer hijo. Dicho de otra forma, si el comportamiento del hermano mayor con respecto al menor es egoísta, entonces el menor empezará a desarrollar un estilo de vida competitivo. De igual manera, si el hermano mayor tiene una personalidad mucho más cooperativa con el menor, entonces su personalidad se desarrollará más en torno a la cooperación. El hijo menor se desenvuelve en un ambiente cálido, por lo cual existe la posibilidad de que se convierta en un niño consentido y tener sentimientos de inferioridad. Sin embargo, esta posición puede tener muchos otros beneficios, como la motivación de superar a sus hermanos mayores. El hijo único, al no presentar la necesidad de competir con sus hermanos, tiende a identificarse antes con el estilo de vida adulta. Por lo tanto, desarrolla un sentimiento de superioridad, además de una actitud poco cooperativa. Estos niños también pueden ser carne de sobreprotección.