La resiliencia familiar se define como la capacidad de la familia para hacer frente a situaciones difíciles o de crisis con el resultado de sentirse fortalecidos. Entre los factores que hacen de una familia resiliente, uno de los más importantes son las habilidades parentales. Las habilidades parentales son aquellas capacidades y habilidades que tienen los padres y madres para proteger y satisfacer las necesidades de sus hijos e hijas, incluidas las necesidades de afecto, de estimulación y de socialización, para su desarrollo sano y resiliente. El acompañamiento de los padres y las madres en la crianza de los hijos e hijas no se trata de evitarles daños y rescatarlos de las dificultades, sino que se trata de enseñarles a usar las habilidades para mantener una buena salud emocional. Es más, esta sobreprotección es contraproducente, ya que no nos ayuda a entrenar habilidades que son necesarias para mantener una buena salud emocional. Se trata de enseñarles a usar esas habilidades y alentarlos a entrenarlas. Los padres y las madres tienen que dejar que sus hijos e hijas tomen sus propias decisiones, incluso si nos parecen equivocadas, y apoyarlos ante las equivocaciones para que aprendan a tomar mejores decisiones en el futuro. Podríamos hablar de una forma de acompañar en sentido amplio, estando presentes y disponibles, validando emocionalmente, alentando ante nuevos hitos y retos del camino y ofreciendo orientación y guía. Esto es lo que denominamos criar de manera resiliente. Por este motivo, es importante es educar las familias para que lleven a cabo una crianza resiliente. La familia, pues, tiene un papel crucial como entorno seguro donde podemos fomentar las habilidades socioemocionales que ayudan a los adolescentes a afrontar problemas, a relacionarse de manera sana y a gestionar las emociones. Para todo ello, es importante hacer entender a los adolescentes que no siempre tendrán éxito en aquello que desean, que se equivocarán en ocasiones, pero que el mayor logro es seguir intentando luchar por aquello que desean. Y que todo ello implica gestionar las emociones que nos genera, aprender de las equivocaciones y tolerar las frustraciones que forman parte de la vida.