La inestabilidad emocional se produce cuando sufrimos cambios bruscos en nuestro estado de ánimo.
Definida por Hans Jürgen Eysenck en su análisis de la personalidad, la persona que sufre inestabilidad emocional sufre reacciones demasiado intensas y persistentes ante estímulos externos fuertes.
Tenemos cierta tendencia a pensar que las personas con esta característica viven la vida “a todo color”, sintiéndolo todo con la máxima intensidad posible.
Sin embargo, el hecho de ser tan sensibles a sus emociones hace que su atención esté sesgada hacia las experiencias negativas.
Quizás una de las características más visibles para las personas que conviven con una persona con inestabilidad emocional o neuroticismo.
Aunque sea una condición compartida en otros estados, los cambios de humor relativamente rápidos se producen fácilmente ante cualquier pequeño acontecimiento.
El cambio se produce cuando este hecho desencadena nuevas emociones que sustituyen a las del momento anterior.
Llevados a un estadio de complejidad mayor, los cambios de humor bruscos se convierten en labilidad emocional.
Este concepto hace referencia a esta fugacidad de las emociones y se relaciona con algunos trastornos de personalidad o histriónicos.
Las personas que padecen inestabilidad emocional suelen mostrar una baja tolerancia a los momentos de frustración.
Así, cuando algo no cumple con sus expectativas, estas situaciones se convierten en un problema.
Simplemente por ser un momento inesperado que no entraba dentro de sus planes “estables”.