La ecpatía resulta completamente necesaria en determinadas circunstancias, por ejemplo, si pensamos en un médico que debe tratar con pacientes, o en aquellas personas que colaboran en una crisis humanitaria, nos daremos cuenta de que, al tiempo que deben mantener una actitud empática hacia el otro, también deben ser capaces de distanciarse emocionalmente para poder ejercer sus profesiones con rigor, con objetividad y sin ser inundados por la situación o la emoción que el otro está sintiendo.
La ecpatía no equivale a indiferencia, es únicamente un límite voluntario que frena ese exceso empático y nos devuelve a un lugar en el que, siendo capaces de comprender al otro, no nos vemos arrastrados por su sentir, ni perdemos o minimizamos nuestras propias emociones.
El exceso de empatía: una puerta abierta a la manipulación Ser demasiado empáticos puede convertirse en un quebradero de cabeza en aquellos casos en los que, el otro, aprovecha nuestra capacidad empática para su propio beneficio, ya sea de manera consciente o inconsciente.
El contagio emocional puede llegar a convertirse en un secuestro y por este motivo debemos desarrollar herramientas que nos protejan y nos permitan mantener una objetividad protectora.
La empatía es completamente necesaria en nuestra relación con los demás, pero si somos incapaces de gestionar el contagio emocional y compensarlo, se puede convertir en una puerta abierta a la manipulación emocional y poner en riesgo nuestro propio equilibrio.
La ecpatía, al igual que la empatía, está vinculada íntimamente con la asertividad, cumpliendo una función protectora que impide que las emociones de los demás nos arrastren, un riesgo que corren especialmente las personas más empáticas.
En realidad, la ecpatía, al igual que la empatía, está vinculada íntimamente con la asertividad, cumpliendo una función protectora que impide que las emociones de los demás nos arrastren, un riesgo que corren especialmente las personas más empáticas.
No deberíamos traspasar determinados límites y, ponernos en el lugar del otro para tratar de entenderle, no debería significar instalarnos allí, olvidándonos de nuestro propio ser.
El equilibrio estaría en el punto medio entre la empatía y la ecpatía, o lo que es lo mismo, en la capacidad de ser asertivo emocionalmente y ser capaz de establecer un vínculo y una comunicación positiva con el otro, atendiendo a sus emociones y respetándolas, al tiempo que atendemos y respetamos las propias.
La empatía nos ayuda a generar vínculos más profundos y cercanos con las demás personas al tratar de comprenderlas y de prestarles la suficiente atención, mientras que la ecpatía es el medidor voluntario de esa capacidad empática que nos permite alejarnos para mantener la perspectiva y evitar que las emociones de los otros puedan llegar a dañarnos de alguna forma.
El secreto es, una vez más, caminar en equilibrio, cuidar de nuestra salud emocional y de nuestros vínculos de forma saludable.