Los cambios emocionales pueden ser indicadores de trastornos o enfermedades de salud mental, en personas de edad avanzadas. Las trabajadoras y trabajadores familiares, y profesionales de la gericultura, son clave a la hora de detectar las posibles alteraciones en la estabilidad emocional y mental de las personas mayores. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 14% de los adultos de 60 años o más viven con un trastorno mental, entre los cuales destacan la depresión, la ansiedad y la demencia como las afecciones más frecuentes. Es esencial reconocer y tratarlas estos trastornos con prontitud. La detección de cambios en las rutinas de la persona, en el patrón del sueño o en el alimentario, así como que la persona esté más nerviosa o pase más tiempo en la cama son posibles indicios de alguna patología que pueda estar generándoles malestar.OffsetTable Por otra parte, como afirma Montse Parcerisa, psicóloga y directora de la Residencia Fort Pienc, también gestionada por Accent Social: “Hay personas que se dan cuenta y son plenamente conscientes de que están perdiendo facultades, lo cual les genera un cambio de comportamiento porque les provoca angustia o incluso puede inducirles a sufrir una depresión”. En todo este proceso el acompañamiento es fundamental. Tal como afirma Parcerisa: “Intentamos que los procesos de dependencia evolucionen lo más lentamente posible, alargando la autonomía de las personas usuarias al máximo y dando apoyo continuo a las familias tanto como podemos”. La pérdida de memoria, de hábitos de higiene personal, de la limpieza, así como la desorientación y la confusión que pueden sufrir las personas mayores, también son algunos indicios para sospechar que algo está pasando. Es esencial reconocer y tratar estos trastornos con prontitud para prevenir un mayor sufrimiento en las personas que lo experimentan. Además, Mercedes Da Silva, gericultora y auxiliar de geriatría de Accent Social, añade que los cambios de humor, de actitud y de ánimo, también son algunos síntomas. En función de este acompañamiento se establecen diferentes pautas para garantizar el bienestar de las personas usuarias como por ejemplo: hacerles un seguimiento continuo para observar si hay más cambios de comportamiento o psicológicos promover hábitos saludables controlar si se debe revisar la medicación realizar actividades que les gustan