Las personas más mayores están en un momento vital en el que van acumulando múltiples pérdidas: ocupación, ambiente familiar, vigor físico… que pueden hacer que se desborden.
Además, el aumento de fallecimientos entre amistades y familiares les confronta con la posible proximidad de su propia muerte y puede provocar sentimientos de desarraigo: es más difícil establecer lazos sociales y encontrar nuevas amistades.
Así mismo, cuando fallece uno de los cónyuges en matrimonios mayores de larga duración existe mayor dificultad de reajuste porque suelen ser muy dependientes de la pareja.
En este caso, el proceso de duelo puede tener un impacto en la salud de la persona anciana, provocando cambios físicos, sentimientos de soledad y la necesidad de ajustar roles: asumir nuevas tareas o dejar de hacer otras.
Cuando fallece uno de los cónyuges en matrimonios mayores de larga duración, la pareja que queda puede sufrir graves problemas de soledad.
Además, el fallecimiento de uno de los miembros de la pareja puede llegar a significar para el otro miembro, la pérdida de apoyo emocional, el compañerismo, el afecto y también la pérdida de un papel dentro del hogar, cabe recalcar que, el apoyo significativo de amigos y/o familiares puede ser vital para superar este duelo.