Cuando empieza la rabieta, no le hagan caso.
Si le hacen caso, lo que hacen es reforzar la rabieta.
Le dejan solo y ya se calmará.
Cuando se calme, pueden dirigirse a hablar con él.
Si llega a pegaros, llevadlo a su cuarto y lo dejáis dentro unos 5-10 minutos.
Le diréis que no os ha gustado nada que os haya pegado, y que no pensáis hablar con él hasta que se calme y pida perdón por lo que ha hecho.
Una vez calmado, debéis enseñarle a comportarse, cómo pedir las cosas y qué tipo de conductas son las adecuadas y cuáles las no adecuadas.
Intenten mostrar empatía hacia los intereses de su hijo.
No se trata de hacer lo que ellos dicen, pero intentad entender el motivo de su rabieta, explicarle por qué no es posible con palabras sencillas y negociar con él.
Es posible que su hijo presente una tolerancia a la frustración muy baja, y la manifiesta a través de rabietas e ira.
En su cuarto o en el salón, colgar un cuadro elaborado con pictogramas o dibujos donde se reflejen las normas de conducta en positivo.
Es importante centrarse más en las acciones a trabajar que en las conductas negativas a corregir.
Si es un niño con tendencia a ponerse muy nervioso, valoren qué estímulos son los que le provocan la ira y ayudarle a controlarlos y a resolver las situaciones que le ponen nervioso o que no resuelve de una manera socialmente adecuada.
Enseñarle los pasos a seguir para afrontar todo ello y sed un ejemplo para vuestro hijo.
Podéis interpretar la situación delante de él para que luego la repita.
También podéis dedicar un tiempo diario a realizar actividades de relajación y mindfulness.
Ve probando esto.
Requiere tiempo y paciencia.
Si no veis resultados, os recomendaría solicitar ayuda profesional.