Diez minutos de soledad pueden impedir que pierda los nervios con su hijo por un mal día. Se puede vencer el mal humor. Que tire la primera piedra la madre o el padre que alguna vez no ha perdido los nervios sobrepasado por alguna situación y ha descargado su mal humor, sin querer, sobre sus hijos. Ese malestar explota muchas veces ante actos muy cotidianos en casa: porque ese día el niño no ha merendado bien, o está más desobediente, o se pelea con su hermano, o porque el profesor ha llamado a casa porque se ha portado mal en clase. Esos comportamientos pueden sacar de quicio, pero hay que tener en cuenta que los niños requieren una atención especial y tienen menos recursos y experiencias para afrontar y responder de forma adecuada a lo que se les presenta, explica Carmen Montoro, psicóloga de Isep Clínica Granada. Es decir, los más pequeños también pueden tener un mal día, pero son los padres, los adultos, quienes deben manejar la situación.