El desarrollo emocional y social durante los primeros años juega un papel fundamental en la vida de una persona, sentando las bases para su bienestar presente y futuro. Un sólido desarrollo emocional durante la infancia está asociado con una serie de resultados positivos a largo plazo, incluyendo una mejor salud mental, relaciones sanas, un mayor éxito académico y profesional, y una adecuada tolerancia al estrés o a la frustración.
Además del desarrollo emocional, el social también es determinante para un correcto desarrollo infantil. Durante estos años, los niños/as se inician en el aprendizaje de interactuar y relacionarse con los demás de manera efectiva.
Así, desarrollar habilidades sociales sólidas en la infancia temprana es fundamental para establecer relaciones positivas satisfactorias y funcionales en la vida adulta.
Por tanto, el desarrollo emocional y social en la primera infancia es fundamental para el bienestar en general de una persona.
Al fomentar un entorno seguro y afectuoso, enseñar habilidades de regulación emocional, promover la empatía y la comprensión, y proporcionar oportunidades para el juego grupal y la colaboración lograremos un correcto desarrollo emocional y social en la primera infancia que luego se traducirá en un adulto/a estable emocionalmente y capaz.