Cuando nos adentramos en la educación infantil, es muy importante trabajar las emociones básicas para que los niños aprendan a identificarlas y a gestionarlas de forma apropiada. Las emociones se desarrollan y mejoran, por eso es importante potenciarlas desde los primeros años, adaptándonos a su evolución natural. Así conseguiremos que cuenten con las habilidades necesarias para desenvolverse en el mundo y ser felices, capaces de regular y dirigir sus emociones, y no dejarse llevar por ellas. Esto es muy importante porque una parte importantísima de la violencia que está presente en nuestro entorno y que vemos en la prensa sobre el acoso y la violencia escolar y o social, se activa a partir de la ira que no somos capaces de regular de forma apropiada. La inteligencia emocional supone contar con una serie de capacidades de la mente para percibir, comprender, expresar y regular emociones. También nos ayuda a identificar y entender las del otro. Poner en práctica actividades de educación emocional a través del juego por ejemplo en la etapa infantil facilita el desarrollo de las competencias emocionales, lo cual repercute en la prevención de la violencia, baja tolerancia a la frustración, etc. Al mismo tiempo, se favorece el bienestar, la armonía, el crecimiento y el desarrollo integral del niño. En definitiva, las familias y el Colegio, juntos, forman un papel muy importante en este aprendizaje porque la forma de gestionar las emociones tiene repercusiones en muchos aspectos de la vida, entre los cuales están la forma de establecer relaciones con otras personas, las relaciones de pareja, la autoestima, la auto-confianza, etc.