Los trastornos alimenticios como la bulimia y anorexia requieren de tratamiento interdisciplinario -psiquiátrico, médico internista, nutriólogo, psicólogo y familia- para lograr que la paciente se recupere, ya que por lo general padece las secuelas como desnutrición, disminución de las defensas, infecciones, descalcificación en dientes y huesos, además de aislamiento de la vida laboral, familiar y escolar, entre otros. La doctora María Magdalena Ocampo Regla, especialista del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente”, explicó que la anorexia nervosa se caracteriza por una restricción en la ingestión de energía que lleva a una pérdida significativa de peso, miedo intenso a subir de peso o volverse obeso, así como una alteración en la imagen corporal al sentirse gorda a pesar de estar extremadamente delgada. Hay dos tipos de anorexia nervosa: del tipo restrictivo donde en un periodo de cuando menos tres meses la persona empieza a dejar de comer hasta que llega al mínimo, y la otra es de tipo purgativo con el uso de laxantes, vómitos, enemas o ejercicio excesivo. La especialista señaló que la bulimia nervosa se caracteriza por episodios recurrentes de atracones en un periodo muy breve de tiempo de menos de dos horas, con un consumo del doble de lo que consume una persona de la misma edad, género y talla. La persona tiene la sensación de pérdida de control, es decir que empieza a comer y no puede parar, seguido de conductas compensatorias inapropiadas como vómitos, laxantes, diuréticos, ayunos o ejercicio excesivo.
De ahí la importancia de identificarlos en etapas iniciales y acudir con un médico para una valoración porque mientras más temprano se identifique la enfermedad, las posibilidades de resolverla son mayores.