El ambiente afecta al comportamiento de las personas, aunque muchas veces no seamos conscientes de esta influencia, es un hecho demostrado. La falta de luz natural durante varios meses al año en algunos lugares puede producir depresión en la población general. También ocurre con otros aspectos relacionados con la contaminación física, química o biológica del aire, el agua o la tierra, que pueden ser altamente nocivas para nuestro sistema nervioso central. Podemos ventilar el entorno varias veces al día, aprovechar la luz solar siempre que se pueda y evitar los diferentes tipos de contaminaciones, así como aprovechar la luz solar natural siempre que sea posible, y es que esta nos ayuda en la producción de serotonina, un neurotransmisor que nos permite experimentar la sensación de bienestar, clave para la felicidad. La psicología ambiental adquiere un papel fundamental en la mejora de la sociedad, con el fin de identificar problemas en los entornos físicos donde cohabitan los seres humanos. Necesitamos incluir la ergonomía, esencial para la prevención de riesgos laborales, con el fin de lograr una óptima calidad de vida en estos lugares. Otro aspecto que considerar es la contaminación visual, que podemos evitar no acumulando enseres que no necesitamos o acústica, que podemos minimizar bajando el volumen de la música o no pegando martillazos si no es necesario. También se están construyendo más zonas verdes en los barrios urbanos, la llamada psicología verde, se ha popularizado la idea del silvicultor urbano Cecil Konijnendijk de la regla 3/30/300 para crear ciudades más saludables. Esto reduce el estrés y facilita la vida a las personas con esta condición y a sus cuidadores. Es importante destacar que, aunque queda mucho por hacer, poco a poco las ciudades están más adaptadas a personas con algún tipo de discapacidad física, psíquica y sensorial.