Toma conciencia de las cosas buenas, busqua cuáles son y valóralas. Intenta con estas ideas: Cada día, piensa en 3 cosas por las que te sientes agradecido. La naturaleza. Las personas. La comunidad. El resguardo. Las comodidades, como una cama caliente o una buena comida. Empieza un diario donde escribir las cosas por las que te sientes agradecido. Asumir el compromiso de anotar las cosas buenas cada día aumenta la probabilidad de que tomemos conciencia de las cosas buenas cuando estas ocurren. Pone en práctica rituales de agradecimiento. Algunas personas dan las gracias antes de una comida. Hacer una pausa para dar las gracias antes de comer no tiene que ser un acto religioso. Es un hábito sencillo que nos ayuda a tomar conciencia del privilegio que significa tener comida sobre la mesa y valorarlo.
Una vez que tomas conciencia de los privilegios de la vida cotidiana, el siguiente paso es disfrutarlos. Disfruta de la sensación de gratitud. Disfrútala. Celebra sus privilegios en el momento en que ocurren.
Expresa gratitud. Muestra tu agradecimiento a una persona que hizo algo bueno. Dile: "Realmente, fue muy amable al...", "De verdad, fue de gran ayuda para mí cuando...", "Me hizo un enorme favor cuando...", "Gracias por escuchar cuando...", "Valoré mucho cuando me enseñó..." o "Gracias por estar allí cuando...". También puedes expresar tu gratitud en una carta. Expresa gratitud con gestos de amabilidad. La gratitud puede inspirarte a que devuelvas un favor o tengas un gesto de amabilidad o consideración. A las personas que comparten tu vida, diles cómo te sientes y lo que ellas significan para usted. No tiene que ser dramático ni desmesurado. Sin embargo, si expresas lo que sientes en el tono adecuado en el momento correcto, hasta una simple frase, por ejemplo, "Mamá, qué rica cena. ¡Gracias!", significa mucho.