La lealtad en la familia tiene un aspecto positivo, pero también puede tener un lado negativo.
La lealtad es ese vínculo que nos une a la familia, especialmente con nuestros antecesores (padres y abuelos), los lazos que tejemos con ellos se consolidan con la fidelidad, el honor, la gratitud y el cuidado.
La lealtad de una familia descansa sobre la confianza, el mérito, el compromiso y la acción.
Nuestras familias se asientan, justamente, en la lealtad; entendida también como una serie de valores comunes —que hemos heredado generacionalmente— que definen las conductas que se esperan de nosotros.
La lealtad familiar es positiva cuando nos permite tejer lazos de confianza con los demás miembros de la familia, pero también tiene su lado negativo o restrictivo, cuando se trata de cumplir expectativas de otras personas.
La lealtad hacia el otro se pone en primer lugar, lo que hacemos es ir en contra de nuestra propia lealtad y congruencia interna.
No ser leales con nosotros mismos implica renunciar a lo que somos, a nuestros anhelos y plan de vida.
Por el contrario, cuando nos brindamos lealtad somos plenos y más seguros, pues estamos coincidiendo con lo que somos y queremos ser.