La verdad es que en ocasiones sentimos casi una obligación “moral” por llevarnos bien con ese primo con quien tan pocos intereses compartimos, y que tantos desprecios nos ha hecho a lo largo de nuestra vida. Puede que nos una la sangre, pero la vida no nos encaja con ninguna pieza, así que el alejarnos o mantener un trato justo y puntual no debe suponernos ningún trauma. Comportamientos como estos crean distancias y hacen que en el día a día, encontremos mayor lealtad en los amigos que en la familia. En ocasiones, tenemos la “obligación moral” de tener que seguir manteniendo contacto con esos familiares que nos hacen daño, que nos incomodan, que nos sancionan. Son familia, no cabe duda, pero debemos tener en cuenta que lo que de verdad importa en esta vida es ser feliz y tener un equilibrio interno. Una paz interior. Si ese o esos familiares vulneran nuestros derechos, deberemos poner distancia. La mayor virtud de una familia es aceptarse unos y otros tal y como son, en armonía, con cariño y con respeto