Para poder sobrellevar estos efectos, se recomiendan las siguientes estrategias. En primer lugar, que la persona pueda desarrollar habilidades de afrontamiento saludables, como la comunicación asertiva, el poder pedir ayuda, y trabajar en la mejora de sus habilidades emocionales para poder detectar el malestar antes de que se convierta en un problema más complejo de resolver. Para ello es necesario un acompañamiento familiar y social, donde se cultiven las relaciones positivas, la comunicación abierta y el apoyo emocional. Reduciendo las interacciones hostiles, agresivas y la comunicación basada en reclamos, amenazas y reproches. También a efectos prácticos, ayudan las pautas sobre gestión del tiempo y planificación de objetivos asumibles, y asentar unas buenas bases para llevar una vida equilibrada entre responsabilidades académicas y el tiempo de descanso necesario, identificando la diferencia entre procrastinación y la hiper-responsabilidad. Y, por último, ayudar al adolescente a comprender la importancia del autocuidado, basados en una alimentación balanceada, la actividad física saludable y descanso adecuado. También acompañarle en comprender la importancia de la autoestima, construyendo una autoimagen positiva, que ayude a la aceptación de los cambios corporales y en reduzca la presión social.