Después de una situación traumática, uno de los mayores retos es integrar la experiencia en la identidad de la persona. La escritura expresiva ayuda a clarificar e interiorizar lo que ha pasado. Las personas son seres narrativos y, por lo tanto, su bienestar depende del grado en el que puedan reflejar sus tensiones vitales en la historia que se explican a sí mismas y que explican a los demás sobre quiénes fueron, quiénes son y quiénes quieren ser. Este tipo de ejercicio ayuda, en definitiva, a procesar la información y a conversar de una forma distinta al pensamiento, con más profundidad y con otra perspectiva. La conciencia y la comprensión emocional son clave para que la persona pueda integrar su experiencia y así encontrar una fórmula para poder superar la situación. Lo que es importante es que la persona pueda generar un ritual de escritura en el que pueda concentrarse unos minutos de forma cómoda y sin distracciones en la tarea. Un ejemplo de ejercicio básico es escribir sobre la experiencia traumática durante 20 o 30 minutos al día durante tres o cuatro días, actividad que aporta los primeros beneficios en algunas personas. Consiste en encontrar un momento en que la persona se sienta cómoda y entonces focalizarse en los pensamientos y sentimientos más profundos sobre el evento estresante. No importa el tema sobre el que se desee escribir sino que la persona afectada se deje llevar y explore lo que siente y piensa en ese momento. Se trata de escribir de forma continuada y sin preocuparse por la ortografía, la gramática o el estilo. Lo más importante de este ejercicio es que la persona afectada escriba cuando necesite comprenderse. La escritura no hace falta que sea perfecta, no se busca belleza en el texto, sino claridad.