Dificultad para confiar en los demás, vincularse con otros y dejarse querer.
Necesidad de tenerlo todo bajo control.
Miedo a la incertidumbre.
Tristeza cuando está en soledad.
Cambio del amor al odio con gran facilidad y por pequeños detalles.
Uso de la crueldad, el victimismo o el chantaje emocional para conseguir lo que quiere.
Odio hacia las mentiras, las promesas sin cumplir y las traiciones.
Creencia de ser una persona fuerte y poderosa, algo que también proyecta en su imagen.
Rigidez e intolerancia, quiere tener siempre la razón y decir la última palabra.
Tendencia a la competitividad, a ser exigente y a criticar a los demás.
Desconfianza: Las personas heridas por la traición suelen volverse extremadamente desconfiadas.
Dificultad para establecer vínculos: La herida de la traición a menudo conduce a problemas en las relaciones interpersonales.
Miedo al abandono: El temor a ser traicionado nuevamente puede llevar a un miedo intenso al abandono.
Autoestima dañada: La herida de la traición puede erosionar la autoestima de una persona, haciéndola sentirse indigna de amor y respeto.
Las heridas de traición en los niños aparecen cuando los padres o cuidadores traicionan a los niños de alguna de las siguientes maneras: No cumplen con la expectativa de padre, madre o cuidador ideal No cumplen las promesas que realizan Revelan hechos íntimos o secretos personales Avergüenzan al niño ante otras personas Anteponen a otra persona antes que al niño, dejándolo de lado.
Así, la herida de traición surge cuando un niño percibe incumplimientos, deslealtad emocional o falta de respeto a acuerdos por parte de una figura de autoridad.
Suelen ser personas desconfiadas y posesivas.
También valoran mucho en los demás cualidades como la lealtad y la fidelidad.