Si mientras el niño expresa su enfado, nosotros le decimos “mientras llores y grites, mamá no te va a prestar atención” el niño aprenderá a que enfadarse está mal, en cambio si le ayudamos a identificar su emoción y la causa que la ha provocado, y le mostramos que a pesar de su conducta estaremos disponibles para ayudarles a autorregularse “veo que estás enfadado, porque no te puedes comer ahora los gusanitos, entiendo que te enfades y mamá estará aquí para lo que necesites” estaremos potenciando su autoestima y enseñándole a cómo expresar su opinión.
La forma más saludable, para formar a personas seguras y asertivas, es ayudarle a identificar esas emociones y utilizar, por parte del adulto, la empatía, es decir, sintonizar con esa emoción, viendo la causa de porqué la está manifestando ” cariño, entiendo que te enfades, tú también quieres la pelota y no te la dejan”.
Si podemos diferenciarlas en agradables (alegría, deseo, orgullo..) y desagradables (tristeza, enfado, ira, celos….) pero todas igual de importantes.
Muchas veces nos ha coincidido escuchar frases como “que feo te pones cuando lloras”, “si te enfadas mamá se va”.
A través de este tipo de comentarios y acompañado de lenguaje corporal de rechazo al estado emocional, no estamos validándolo, provocándole ciertas estrategias de evitación en un futuro, basadas en una baja autoestima e inseguridad.
Es importante ayudarles a entender que ésta es tan importante como la de los demás, que los vamos a escuchar y vamos a estar a su lado mientras lo necesiten.
Las emociones no debemos diferenciarlas en negativas o positivas, ya que pueden confundir, haciendo pensar que hay emociones buenas y malas.
Todas las emociones son útiles, nos ayudan a respetar y que respeten nuestro espacio vital.