Si no pongo límites, ¿dónde quedo yo.
Si raramente lo hacemos, adoptando una postura general y habitualmente pasiva, podemos sentirnos cada vez más pequeños al lado de los demás, dañando progresivamente más nuestra autoestima.
De esta forma, nos centramos casi exclusivamente en cómo lo vivirá la otra persona, y dejamos de poner el foco en nosotros, y al final, por no herir al otro, nos lo estamos autoinfligiendo.
Debemos preguntarnos, por ello, si realmente estamos validando lo que sentimos.
En este sentido, en primer lugar es importante autobservarnos, escucharnos, y validar y aceptar lo que pensamos y lo que sentimos.
Nadie mejor que nosotros conoce estos componentes.
Seguidamente, es importante tener en cuenta que si lo sentimos, y es importante para nosotros, entonces es importante.
Nuestro criterio es el que cuenta.
Y por último, debemos darnos y dar la oportunidad al otro de conocer nuestro estado y punto de vista, es decir, comunicarnos.