Se define frustración cómo una emoción o sentimiento que surge cuando algo ocurre de una manera inesperada, y nos impiden satisfacer un deseo.
Es frecuente que esta frustración aparezca en las diferentes etapas de la vida de nuestros hijos, aunque los motivos van cambiando.
Por ejemplo, cuando son pequeños, nos puede ocurrir ante las rabietas o los gritos, mientras que, al crecer, puede que aparezca ante los malos resultados académicos o porque no cumplan con los horarios establecidos.
Estamos muy acostumbrados a escuchar que los más pequeños tienen que aprender a tolerar la frustración, pero ¿nos hemos parado a pensar si los adultos sabemos hacer una gestión adecuada de este sentimiento?
Cuando vamos creciendo, interiorizamos una serie de herramientas personales que nos ayudan a gestionar las emociones negativas que nos generan las diferentes situaciones que vivimos en nuestro día a día, sin embargo, cuando nos convertimos en padre/madre, nos enfrentamos a una serie de sentimientos nuevos, que no hemos aprendido a manejar.
Rebaja tus expectativas.
Analiza cuales son las expectativas que has depositado en primer lugar en ti como madre/padre y en segundo lugar, sobre tus hij@s, y trata de rebajarlo.
No trates de buscar la perfección, busca aquello que os haga felices y no te preocupes en exceso de cosas que no son realmente importantes.
Tolerar la frustración significa poder enfrentar los problemas y limitaciones que tenemos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que nos puedan causar.
Tolerar la frustración como padres significa adquirir nuevas herramientas para gestionar las diferentes situaciones del día a día, pensando en el bienestar de nuestros hijos, aunque esto suponga alejarnos de las expectativas que hemos creado.