Que es lenta y horripilante, que sale magia negra, que cuando ha terminado te gusta más de lo que crees y que quizá inventa la sororidad 'post-mortem'.
Paco Plaza lleva a la pantalla un guion de Carlos Vermut.
La espera Uno de sus méritos es que el espectador no sabe qué pasa en la película hasta prácticamente la última escena.
En algunas escenas especialmente sórdidas, a uno le viene a la cabeza 'La semilla del diablo'
Almudena Amor interpreta a una modelo en plena ascensión, y no en vano está en París y debe dejar sus rayas de cocaína a la mitad para volver a Madrid a cuidar de su abuela, a la que le ha dado un chungo.
Karina Kolokolchykova interpreta a la nieta especular de la amiga especular de la abuela de la modelo.
En algunas escenas especialmente sórdidas, a uno le viene a la cabeza 'La semilla del diablo' (1968), de Roman Polanksy, porque algo se está gestando en esa casa de la abuela donde la nieta no acaba de marcharse ni su abuela de morirse.
La película va de los horrores del envejecimiento, así por debajo de todo lo que propone, aunque en muchos momentos no sabes si el filme quiere imitar a Gaspar Noé o incluso a 'Euphoria' o a ese cine social empeñado en mostrar cómo se bañan los abuelos, cuán penosamente.
Quizá, que yo qué sé, deberían haberse limado esos momentos colindantes con el cine social.
Vista 'La abuela', uno paladea realmente la genialidad de su argumento, y puede incluso pensar qué hubiera sucedido si en lugar de en Madrid se hubiera rodado en Charleston o en Praga, y qué hubiera pasado si los actores hablaran en polaco o japonés y no en español, y qué hubiera pasado si comieran 'hangi' maorí en lugar de huevos fritos.
Pues hubiera pasado que a lo mejor le ponía yo cuatro estrellas en esta reseña, eso hubiera pasado.