Siento rencor hacia mis padres y, además, ellos no me quieren como yo necesito. El resentimiento que tengo hacia ellos no me permite avanzar, me siento estancada, perdida, como si algo me faltara, pero no puedo desprenderme de este malestar tan grande, siento que lo llevo arrastrado adondequiera que voy. Cuando era pequeña, mi padre pasaba de mí todos los días y nunca dije nada. Es más, desde que soy consciente de que eso ocurría, siempre creí que todos los padres eran iguales, hasta que comencé a hacer tareas en casa de mis compañeros de escuela y me di cuenta que lo que me pasaba a mí no les ocurría a todos. De hecho, nunca recibí un beso de mi padre. Ni en la frente, ni un beso de esos que lanzas al aire para que lo coja la otra persona. Nada, ni siquiera un abrazo. Para él, yo era invisible. Sólo me dirigía la palabra cuando no hacía la tarea, recibía críticas por despertarme tarde, críticas por no tener hambre, críticas por no ducharme a tiempo e, incluso, por ducharme más de la cuenta. Cuando salía corriendo hacia donde estaba mi madre, la cosa era parecida. Intenté recibir protección en sus brazos, pero sus palabras me dolían igual. Siempre le daba la razón a papá, siempre. Siento rencor hacia mis padres. Sé que sentir esto es horrible y me intento justificar de mil modos, pienso que no lo podían haber hecho mejor que lo que hicieron… Pero no puedo. Llevo viviendo mucho tiempo con esta sensación en el pecho, que me ahoga como si tuviese sobre él una losa. El rencor es fruto de una herida mal curada: se puede sanar. El resentimiento es un sentimiento que es capaz de convertirte en una persona que no te gusta, pero existen soluciones para superarlo.