Las personas que viven de este modo tienen alguna de estas características: Tienen poca energía y no están muy emocionadas por nada en particular. Se sienten aburridas y no experimentan emociones fuertes. Hacer cualquier cosa les cuesta mucho trabajo, y suelen estar cansadas. No parecen tener muchas dificultades en la vida, pero tampoco hablan mucho de momentos felices. Han olvidado cómo jugar o disfrutar de la vida. No tienen mucho interés en el sexo, incluso si son jóvenes y heterosexuales. No se sienten muy motivados a pasar tiempo con otras personas o a enfrentar situaciones difíciles. Tienen algunos amigos, pero no son activos ni muy sociales. Suelen decir que “todo está bien”. Mateo, y tantos otros en este tiempo, viven como si estuvieran en modo automático, sin buscar desafíos ni poder construir experiencias propias. En comparación con generaciones anteriores, parece que les faltara la idea de enfrentar desafíos o de crear cosas nuevas. Esto puede deberse a que se sienten presionados por la sociedad actual y prefieren evitar conflictos o dificultades. Simplemente se adaptan. Esta adaptación excesiva a menudo puede llevar a una sensación de vacío y desconexión con uno mismo y cómo puede conducir a una vida que carece de significado y satisfacción personal.