Víctima debe informar a padres, tutores o profesores para que tomen medidas.
¡No hay que tener miedo a pedir ayuda!
Los adultos están para ayudar.
Guardar las pruebas, realizando, por ejemplo, capturas de pantalla y guardándolo en un pen drive o disco duro para no perder la información.
“Don’t feed the troll”: Ignorar los ataques.
Cualquier respuesta puede reforzar al agresor.
Reportar al Administrador de la web o red social para que tome medidas contra estos usuarios tóxicos.
Es muy importante hablar e informar a adultos de confianza sobre los problemas que se detecten.
El silencio hace cómplice, y los observadores son quienes más pueden ayudar a frenar el ciberacoso.
No compartir ningún tipo de publicación, mensaje, foto o vídeo que sea objeto de acoso contra algún compañero.
Si se detecta algún tipo de ataque, se debe denunciar a la red social o al administrador de la web para que lo reporten y se tomen medidas.
Dar ejemplo de un buen uso de los dispositivos digitales.
Involucrarse y asistir a actividades formativas centradas en la prevención para familias.
Educar en valores y en inteligencia emocional fortaleciendo el carácter de sus hijos.
Explicar los límites de la comunicación en Internet.
Supervisar y acompañarlos en sus incursiones a Internet, conociendo los lugares que visitan y las personas con las que hablan virtualmente.
Pero siempre respetando su intimidad.
Hablar con ellos y escucharlos.
La confianza es la base de una buena comunicación padres-hijos.
Estar actualizados sobre contenidos, herramientas y aplicaciones de Internet.
Si detectamos un caso de ciberacoso, es importante que nuestro hijo se sienta legitimado y apoyado desde el primer momento.
No debemos enfrentarnos con los agresores ni entrar en las provocaciones.
Hablar con el tutor o docentes para trabajar conjuntamente para ayudarlo y evitar que se reproduzcan casos en el aula y el centro escolar.
Si es necesario, acudir a un especialista para que nos ayude tanto a la víctima como a la familia.
En los tres casos y cuando el acoso es grave, se puede denunciar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ya que el ciberacoso se considera un ciberdelito y tiene consecuencias legales.
Hay que tener en cuenta que, desde el punto de vista de la responsabilidad penal, los menores de 14 años son inimputables y por lo tanto exentos de responsabilidad penal.
En este caso los padres serían responsables civiles de las acciones ejecutadas por sus hijos.
Cuando se trata de menores entre 14 y 18 años, ya se les puede exigir responsabilidad penal en virtud de la Ley Orgánica 5/2000 de Responsabilidad Penal del Menor.