El perdón es el único mecanismo psicológico que permite a las víctimas de estas situaciones pasar página.
Hay que tener en cuenta que los chicos que sufren acoso, sobre todo por parte de las instituciones escolares, han padecido un daño muy intenso, ya que no entienden cómo figuras que, en teoría, deberían protegerles, como maestros o directores, les atacan.
Un acto tan simple como pedir disculpas se convierte en un bálsamo que les alivia, ya que consideran que la persona ha recapacitado, lo que cambia sus emociones, que hasta ese momento son profundamente negativas.
El perdón, aunque indispensable para obtener paz, no significa olvido ni justifica el daño ni supone la reconciliación con el agresor.
En los casos de “bullying”, el perjuicio se produce en etapas críticas de la vida, como la niñez y la adolescencia, momentos en los que se está construyendo la personalidad, por lo que no lo podrán olvidar nunca, con el correspondiente impacto en su vida adulta.