La familia es una promotora de la salud mental ya que, a través de ella, el niño adquiere elementos esenciales para lograr un óptimo desarrollo psicológico y emocional, permitiéndole contar con herramientas para evitar alguna patología mental o adicción. La especialista indicó que una familia saludable psicológica y emocionalmente es capaz de establecer fuertes lazos de interacción, que les permite una clara comunicación entre todos los miembros. Esta interacción familiar, añadió, se debe fomentar desde los primeros años de la vida del niño para facilitarle la adecuada transición de la niñez a la adolescencia, sin mayor problema. López Muñoz explicó que durante la adolescencia los jóvenes se enfrentan a una aceptación del cambio de su cuerpo, mientras que, emocionalmente, buscan su identidad y la aceptación entre sus pares. Asimismo, agregó, muestran conductas de riesgo, que si no se limitan pueden traer graves consecuencias como las adicciones y los trastornos de alimentación, principalmente, anorexia y bulimia. “Es saludable que los padres de familia dediquen al día un tiempo para establecer el intercambio de ideas y comentar sobre los acontecimientos que trascurrieron durante el día tanto en el ámbito escolar de sus hijos como en el laboral de ellos”, puntualizó López Muñoz. Refirió que, en el caso de las familias con chicos adolescentes es muy importante que se fortalezca la toma de decisiones, así como tenerle confianza y reconocer sus logros, lo que ayudará a que no cedan ante invitaciones de sus compañeros para caer en alguna conducta de riesgo.