La autoestima de los niños y adolescentes es mucho más sensible, debido a que se encuentran en pleno desarrollo de sus capacidades cognitivas y afectivas. Estudios realizados con niños y adolescentes han constatado relaciones positivas significativas entre la autoestima alta y la cooperación, las habilidades sociales, la felicidad, la flexibilidad, la adaptación a los cambios, la integración social, la capacidad de trabajar en equipo, la constancia la planificación de respuestas, el buen manejo del estrés y la satisfacción con la vida. La calidad de la relación que los padres tienen con sus hijos puede favorecer u obstaculizar el desarrollo de un crecimiento personal saludable. Lo que los padres piensan, sienten y hacen por sus hijos y la forma cómo se lo hacen saber a ellos, tendrá un impacto en su autoestima y autoconcepto. Es importante ser conscientes de nuestra influencia, existen características afectivas y relacionales de los padres que pueden contribuir al desarrollo y fortalecimiento de la autoestima positiva de los hijos tales como el respeto, la aceptación y el apoyo incondicional. También podemos, brindar autonomía y responsabilidad en función de la edad, validar sus emociones, evitando los juicios de valor, evitar las críticas en público, las comparaciones y las etiquetas negativas. Si nos encontramos con dificultades para lograr fortalecer la autoestima de nuestr@ hij@, es importante recordar que podemos buscar ayuda profesional. La teoría del espejo de Berger y Luckman explica que las autovaloraciones se construyen a partir de la realimentación ofrecida por figuras significativas, tales como los padres, familiares y posteriormente los iguales y figuras como los profesores. La teoría del aprendizaje social de Bandura sugiere que el niño forma su autoconcepto a partir de un proceso de imitación en el que incorpora actitudes y comportamientos de las personas significativas, especialmente de los padres.