Establezcamos sus responsabilidades.
Debemos asignarles labores como hacer la cama, cepillarse los dientes, hacer los deberes, etc…
Los niños tienen que tener sus responsabilidades en el hogar y no podemos caer en el error de asumirlas por ellos.
De esta manera se convertirán en personas independientes y responsables.
Permitamos que exploren por sí mismos.
Debemos proporcionarles los medios necesarios para que desempeñen sus tareas.
Respetemos su independencia y ofrezcamos la seguridad de nuestra compañía cuando nos lo pidan.
Establezcamos límites.
Hagámosles saber las reglas de comportamiento, tanto en el hogar como en la sociedad.
Comuniquemos, siempre desde el respeto, lo que han hecho mal y las posibles consecuencias de sus actos.
Esto les convertirá en personas totalmente conscientes con sus formas de actuar.
Mantengamos una comunicación asertiva.
Establezcamos una comunicación abierta con ellos, valoremos sus opiniones y hagámosles sentir que son igual de válidas que las nuestras.
Hay que tratar a los niños siempre desde el respeto y el amor.
Asimismo, respetar el estado anímico es crucial, tal vez un día no le apetezca ser tan “autónomo” y quiera sentirse más arropado, entonces brindemos la calidez de nuestra compañía.
No todo tiene que seguirse tan “a rajatabla”, sino lograr un equilibrio saludable entre lo uno y lo otro.
Respetemos sus esfuerzos.
Apoyemos sus logros y animémosles a seguir creciendo como personas.
Confiemos en sus capacidades y elogiemos cada pasito que den, por pequeño que sea; esto reafirmará su autoestima y determinación.