La ansiedad infantil es más difícil de detectar porque los niños tienen más dificultades para identificar y expresar lo que sienten.
Puede aparecer en forma de cambios de conducta, emociones concretas o síntomas físicos.
Son comunes el rechazo a ir al colegio, el aislamiento, los problemas de sueño, la disminución del apetito y una mayor dependencia de adultos.
Algunos niños canalizan su ansiedad con rabietas, mientras que otros se vuelven reservados y callados.
Los niños pueden mostrar irritabilidad, llanto fácil, inseguridad y preocupaciones excesivas sobre su rendimiento, su seguridad o la de su familia.
También pueden desarrollar miedos específicos (a la oscuridad, los animales o los extraños, por ejemplo) que afecten a su rutina.
Pueden aparecer dolores sin aparente causa médica, molestias estomacales, tensión muscular, dolor de cabeza y otros síntomas como palpitaciones, sudoración o sensación de falta de aire.
Estos signos suelen intensificarse ante situaciones que les generan miedo, como exámenes, actividades sociales o periodos de separación de sus padres.