Si bien los abuelos pueden aportar mucho amor y crear lazos de confianza con los nietos más pequeños de la familia, también existen algunos casos en los que podrían generar un impacto negativo en relación a la crianza que tienen los padres con los hijos.
La presencia de los abuelos en la infancia tiene beneficios en el área emocional y afectivo, lo que es fruto de la actividad compartida de cuidado y compañía que se produce entre ambos.
En el nieto se generan sentimientos de satisfacción relacional y de utilidad cuando percibe que el abuelo se alegra de ser escuchado y acompañado.
El cariño y la ilusión con la que el nieto se dirige al abuelo refuerza su confianza al observar que es capaz de atender a otros.
Asimismo, los niños ven a los abuelos como confidentes, es decir, son percibidos como personas disponibles, seguras y confortables, generando así lazos de confianza que invitan a que acudan a ellos en busca de la resolución de conflictos o en momentos de ansiedad.
Esta relación promueve en los niños, además, las buenas relaciones con personas de otras generaciones y en el futuro suelen repetir ese cuidado con sus padres.
Se desarrollan sentimientos de responsabilidad social, paciencia, empatía y generosidad.
De igual manera, los abuelos repercuten en el crecimiento personal del nieto, ya que le pueden transmitir su experiencia y sabiduría, lo que influye en el desarrollo de determinados valores y principios en el niño.
Cuando los abuelos critican abiertamente a los padres: Ya sea por el método de crianza, tildarlos de malos padres, entre otros comentarios; están generando dolor emocional a los nietos, más aún si se trata de personas a quienes también aman.
Ver que alguien los está atacando es doloroso, pero también negativo porque sin darse cuenta le están enseñando a sus nietos a faltar el respeto a sus padres, quienes son figuras de autoridad.
El niño puede trasladar ese aprendizaje a otros contextos, como su escuela.