Independientemente de la educación que hayamos recibido, de cuánto nos hayan minado la autoestima en los últimos treinta años o del dolor que acumulemos, nada importa excepto el AQUÍ y el AHORA.
Es decir, un continuo “borrón y cuenta nueva” que puede aplicarse cada día al filo del amanecer.
Si queremos ser no-dependientes, hemos de empezar por las pequeñas cosas cotidianas.
Un hombre, una pareja, es un “plus”, no una necesidad vital.
Un “plus” elegido libremente, no una rémora que nos impida desarrollarnos.
Pero otra cosa es la soledad interior, anímica, psicológica, vital.
Esa terrible soledad que se siente aun estando rodeada de personas, aun compartiendo cama, mesa y mantel.
La soledad interior tan sólo se arregla con reflexión profunda, llegando al silencio íntimo que rodea nuestra esencia.
Trabajo a realizar privadamente, para lo que hace falta mucha fuerza, o con ayuda externa.
Abogo por las terapias psicológicas, pero también sirven las creencias que cada una tenga, incluso si son religiosas, el valor de la fe –de cualquier fe- mueve montañas, ya lo sabemos; basta con creer.
Personalmente, creo profundamente en MÍ MISMA, en mis posibilidades, apuesto por MÍ, a caballo ganador de la carrera hacia el encuentro con mi propia esencia cuyo premio no es recibir ninguna medalla sino otorgarme a mí misma la final categoría de persona-humana libre, en paz y sin miedos.
A todas las mujeres que tenéis miedo a quedaros solas, miradnos como ejemplo a las que hemos sabido salir adelante y ser moderadamente felices; a todas las mujeres que estáis solas y sufrís por ello, pensad que si las que estamos solas y tranquilas hemos podido… ¡vosotras también!.
Quizás para ello haga falta tener muchos años a la espalda, haber aprendido a amar y a sufrir.
Y ahora tan solo queda, ¡VIVIR!.