Acompañar no es solo una tarea de los equipos directivos, puede ser compartida entre docentes antes, durante y después de la práctica en aula.
Estas instancias de acompañamiento deberían ser orientadas por un instrumento que oficie de referente y mediador del proceso pedagógico para direccionar la mejora de la calidad del aprendizaje.
El “antes” está relacionado con el diseño de la clase, donde acompañante y acompañado reflexionan acerca de la preparación de la enseñanza.
El “durante” la clase, consiste en la implementación del diseño de la enseñanza para el aprendizaje, donde el acompañante asume un rol activo a través de la co-enseñanza, de manera de transformarse en un mediador co-responsable del desarrollo de habilidades, conocimientos y actitudes del estudiantado.
El “después” debería comenzar con una conversación guiada a través de preguntas que gatillan la reflexión de la clase y permiten el análisis de las evidencias de desempeño de los estudiantes según los objetivos de aprendizaje.
Es definitiva, el acompañamiento pedagógico como sistema formativo, se transforma en una estrategia para el desarrollo profesional docente.
Esto conlleva una cultura de colaboración en un ambiente de confianza, altas expectativas y reencuentro del sentido pedagógico.
Finalmente, cabe mencionar que el desarrollo de un sistema de acompañamiento implica la construcción colectiva de un referente que explicite el protagonismo del estudiante por sobre el desempeño del profesor.
En este sentido, se necesita superar la mirada restringida de observar aspectos como la estructura de la clase y el cumplimiento de tareas administrativas del profesorado.