Nuestro rol determina qué conductas y actividades se esperan de nosotros dentro de un entorno social determinado, y esto ocurre dentro de cualquier grupo.
Es decir, desempeñamos un rol determinado dentro de nuestro grupo de amigos, dentro de la familia, en nuestro entorno de trabajo, etc.
Dado que la asignación del rol es algo social y se impone antes que la personalidad del individuo al que se le asigna, algunos especialistas afirman de que el rol es la prueba de que somos seres sociales que nos definimos no por lo que somos, sino por lo que somos dentro de cada grupo determinado de la sociedad.
Además, para descubrir cuál es nuestro rol es necesario que interactuemos en un proceso de socialización en el que no solo nos van a definir a nosotros, sino que nosotros también ayudaremos a definir los roles de los demás.
Pero pueden surgir otros problemas con los roles, como que nos adjudiquen uno demasiado pobre cuando sabemos que tenemos mucho más que ofrecer al grupo.
La sensación de que no se nos valora todo lo que merecemos también puede afectar a nuestra autoestima, hacernos sentir mal y causarnos frustración.
A veces los diferentes roles que se nos asignan entran en conflicto entre sí, y sentimos que uno de los dos está sobrando, pero no lo tenemos tan claro.
Otro de los problemas viene cuando no está claro el rol que se nos ha asignado, lo que nos provoca dudas a la hora de saber cómo debemos comportarnos.
Si no tenemos claro cuál es nuestro papel dentro de un grupo, no sabremos qué tenemos que hacer, algo que también puede afectar a nuestra autoestima.
Para construir nuestro propio rol debemos estar muy seguros de nosotros mismos, saber que todo rol evoluciona a nuestro paso y que nada de lo que hagamos debe hacernos sentir que excedemos nuestros límites, o que traicionamos a nuestros ideales.