La envidia se combate preocupándonos de nosotros mismos. Nuestra búsqueda personal es la que nos dará el sentido a nuestras vidas. Nuestros objetivos, nuestras metas, nuestros sueños y propósitos, enfocarán nuestra energía y nuestra forma de actuar. Cada logro del otro, podemos convertirlo en un desafío para nosotros, en una fuente de inspiración. Es mejor admirar, que envidiar. Cuando envidiamos, el mensaje que enviamos es que queremos destruir al otro, pero cuando admiramos tan solo expresamos que queremos aprender como lo logró el otro. Soñar, proyectarse y ser cada día un poco mejor son las claves que nos indicarán que las limitaciones solo se encuentran en la mente. Además, tenemos que tener claro que no tenemos que competir con nadie, ni demostrarle nada a nadie, ni siquiera tenemos que llegar a donde el otro llegó. Lo importante, es que intentemos superar nuestros logros y nuestros propios límites. ¡Hay que ser la mejor versión de uno mismo!